En ocasiones pecar de ingenuo es válido. A todos nos ha tocado un episodio en el que la ingenuidad protagoniza, pero parece que una cantidad de  personas  utilizan este recurso como escudo contra el mundo para intentar salir ilesos de las diversas trampas que la vida nos tiende.

Las razones para esta actitud deben ser variadas. No soy psicólogo y mucho menos antropólogo o carreras afines para saberlas, pero asumo que es algo aprendido en los primeros años que se quedó como un estándar de operaciones personal, o quizá sea una herramienta que se encuentra en el camino y al ver su “utilidad” se convierte en el bastión de toda lucha personal.

Seguramente quien lea estos párrafos se sienta identificado con un servidor al analizar su alrededor y darse cuenta que, en algun momento de la existencia, se ha encontrado con uno de estos individuos. Personas que siempre tratan la manera de quedar bien con los demás aunque eso signifique hacer a un lado su propia opinión , o gente que se torna desentendida ante algún tópico (o todos) porque piensa que generará conflicto con alguien, o tambien quienes bloquean de sus ideas aquellas cosas que consideran aberrantes, los que prefieren dejarle las decisiones sobre cualquier cosa a quien tienen al lado,  e incluso aquellos que jamas pueden ver las situaciones como un camino de dos vías: la buena y la mala.

Es verdad, quizá para ellos sea un buen método de como pasar por la vida sin complicaciones, pero… de qué sirve evadir la realidad en todo momento?

Y si, es evasión porque casi podria asegurar que estas personas conocen perfectamente las situaciones, y amparados bajo la protección de su “personalidad ingenua e inocente” buscan hacerle pensar a los demas que en realidad desconocen las cosas y pasar desapercibidos, esperando alguna especie de compasión por parte de la gente con quienes interactúan.

Desde mi punto de vista, su actitud hacia tales circunstancias solo pone en evidencia su infantil forma de resolver los asuntos, asumiendo que habrá algun tipo de comprension por parte de nosotros, quizá sin darse cuenta que el efecto es contrario y nos crea una imagen un tanto negativa o prejuiciosa de la persona en cuestión.

Considero que vivir la vida de esa manera es quitarle completamente todo el sabor que ésta tiene, ya que no existe gracia alguna en vivir una vida simple y monótona,  sin haber probado aunque sea una vez lo amargo que puede tener también.

Es difícil tratar de no molestarse con estas personas por su manera de actuar, pero quizá la presencia de ellos en nuestras vidas sea para enseñarnos a tener paciencia, quien sabe…

Para su mayor reflexión, les dejo este escrito de Alfonso Fernández Tresguerres que me encontré en mi mini investigación sobre el tema.

Escribe un comentario